jueves, 25 de septiembre de 2014

Fofuchita número 14, Sabrina


¡¡¡Buenos días a todos!!! Por diversos motivos, entre otros técnicos, no hemos podido subir imágenes de nuestras queridas manualidades de gomaeva, pero ahora que está todo solucionado, enunciaré la frase del célebre Fray Luis de León, "como decíamos ayer...".

La verdad es que todos dicen que el verano da tiempo para todo y en nuestro caso está claro que es cierto, de hecho hemos hecho nuevos modelos.

Me encontraba haciendo uno de los tres personajes más famosos de una serie de dibujitos que le gustaba a la pequeña Aurorita, y mientras me ponía a ello y no, logré terminar el peinado.

Es curioso cómo actúan los recuerdos, porque aunque era un personaje que tenía casi en foto, no terminé la muñequita esperada, en vez de ello, hice otro de mi infancia, nada menos que la protagonista de un conocido cuento.
Sin duda esta fofucha es preciosa, y aunque la peque de la casa no tenga de momento su muñeca esperada, espero que le guste tanto como la historia.

Como en casi todos los cuentos populares, los personajes no tienen nombre, así que le pondré Sabrina, el nombre de otro muy conocido y que me encanta, aunque en el relato no quede precisamente como una heroína, pero no adelantemos acontecimientos y empezaré la historia.


“Había una vez un reino muy pobre y muy pequeño en el que acababa de subir al trono un príncipe llamado Héctor, tan lleno de virtudes que aunque cualquier princesa estaría encantada de ser su esposa, él se había fijado en la hija del emperador del reino vecino.

Su decisión era firme o ella o nadie, así que decidió acudir a su palacio con dos regalos con el fin de que lo aceptara como esposo.

Al ver el primer regalo, una preciosa rosa, tan bella que todos quedaron boqueabiertos, pero a Sabrina, la princesita, protestó al tocarla y comprobar que no era de plástico.

El segundo regalo era un ruiseñor que cantaba una dulce melodía, que a pesar de hacer que el emperador se emocionara recordando la melodía de una cajita de música que tenía de pequeño,  tampoco le gustó, y expulsó de palacio a Héctor.

El príncipe estaba muy triste, desesperado se disfrazó y aceptó un trabajo de criado en su palacio, donde diseñó una marmita con cascabeles que sonaban cuando hervía, y la princesa entusiasmada le pidió que se la diera.

Éste muy contento, se la ofreció a cambio de 10 besos, que aunque en principio obtuvo una negativa, finalmente aceptó.

Viendo que no había logrado llamar la atención de su amada, fabricó otra más grande que tocaba su canción favorita, y apenas la había terminado, Sabrina acudió de nuevo a preguntar por su precio, a lo que respondió que 100 besos.

Por mucho que intentó que cambiara de idea, finalmente aceptó, pero antes de que terminaran, apareció el mismísimo emperador y enfurecido, expulsó a ambos del reino.

Cómo lloraba la princesa, lamentándose por su mala suerte y culpándose por no haber aceptado al príncipe, y no está muy claro que sucedió a continuación, hay varias versiones…

El príncipe vio que la princesa valía la pena y desapareció, mientras que ella superó su tristeza enciendo la marmita, en la que sonaban varios cascabeles”.

Sin duda es un final tan merecido como triste, pero bueno no todos los cuentos acaban bien

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