viernes, 20 de junio de 2014


La número 7. La ratoncita Priscila


¡ Buenos días a todos los amantes de fofuchas !

Tras un día de fiesta como el de ayer, y teniendo en cuenta que ya comienzan las vacaciones, sabemos que los más pequeños están en casa aburridos, pasando horas delante de la televisión e incluso en algunas ocasiones, haciéndonos perder la paciencia.

No hay una fácil solución para ello, pero intentando aportar nuestro granito de arena, vamos a presentaros a nuestra nueva fofuchita, que también está sacada de un cuento clásico.


En otras ocasiones no os hemos contado la historia y la hemos aplazado, pero por ser vacaciones de verano para los más pequeños, os presentamos nuestro primer cuento.

"Había una vez una ratita llamada Priscila que era muy trabajadora y muy limpia. 
Todas las mañanas barría con gran esmero, y en una de esas ocasiones, mientras barría los escalones de la puerta de su casita, se encontró algo brillante en el suelo.

Se agachó a comprobarlo y descubrió que era una moneda de oro. Entró en casa y se puso a pensar en qué podía gastarlo ¿pasteles? ¿dulces? ¿queso?, no estaba segura hasta que se miró al espejo y pensó en gastarlo en un precioso lazo de lunares.


Se arregló y se miró al espejo, y tan preciosa se veía que decidió asomarse a la ventana para que la admiraran los vecinos.

- Gracias, señor Burro- dijo la Ratita-. Pero ¿cómo harás por las noches?

-¡Hiooo, hiooo! bufó el burro soltando su mejor rebuzno.

Y la Priscila asustada contestó que no. 

Se fue el burrito bastante triste y poco después apareció el señor Perro, que también le dijo lo elegante que estaba y le pidió también que se casara con ella.

- Tal vez, pero antes dime: ¿cómo harás por las noches?

-¡Guauuu, guauuu.

-¡Contigo no me puedo casar! 

Poco después apareció el señor Gato, que como los anteriores, le pidió que se casara con ella,  y como siempre ella le hizo la misma pregunta que a los anteriores, a lo que respondió con un dulce maullido:

-¡Miauuu, miauuu! 

Entonces Priscila asustada, recordando lo mal que se llevan los ratones con los gatos, cerró de golpe la ventana y esperó a que se fuera.

Estaba la pobre muy triste, después de que tantos pretendientes pasaran por debajo de su ventana, ninguno estuviera a la altura.

Pero pasó por allí el ratón Jesulón, y le saludó con una linda sonrisa:

- ¡Buenas tardes, Priscila!

- ¡Buenas tardes, Jesulón!

- ¡Qué bonita estas con ese precioso lazo! ¿ Te quieres casar conmigo?

- ¿Pero y que harás por las noches?

- Pues comeremos queso, a la luz de la luna.

A lo que ella respondió con un fuerte sí.

Y llegó el día de la boda, Jesulón que entró por el umbral de la puerta con Priscila en brazos diciéndole que desde ese día tendría que dejar de ser tan presumida, a lo que ella respondió con una sonrisa,"

Espero que os haya gustado el cuento, en especial a 1 amiga muy especial que fue la que bautizó a los ratoncitos

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